El estrés es clásicamente definido como la relación entre una situación y una persona, siendo la situación interpretada como amenazante por la persona, que pone en riesgo su bienestar y que excede sus posibilidades de hacerle frente. En el momento en que la persona percibe la situación como amenazante, se desencadenan una serie de respuestas conductuales, emocionales y fisiológicas.
El primer paso para gestionar el estrés es reconocerlo en nuestras vidas. Para ello, podemos atender a las respuestas de nuestro organismo. Cada persona reacciona de una manera diferente por lo que los síntomas pueden ser muy variados, desde irritabilidad, insomnio o pérdida del apetito hasta problemas estomacales o dolores de cabeza constantes.
Por otro lado, también es crucial detectar qué ámbitos de nuestra vida nos producen más tensión. Estos pueden ser los problemas laborales o académicos, las relaciones interpersonales, los problemas económicos o los problemas de salud. Una vez que tengas localizado cuál es el máximo desencadenante de tus problemas de estrés, será el momento de hacerle frente.

Para poder hacerle frente a la situación debemos preguntarnos si estamos ante un problema con solución o estamos ante una situación que no podemos controlar. Si el problema escapa de nuestro control, será el momento de aceptarlas y gestionarlas emocionalmente, haciéndolas más llevaderas. Si, por el contrario, se trata de un problema con solución, será de gran ayuda que escribas las posibles soluciones en un papel y que escojas la que más te convenga.
Otras estrategias para gestionar o prevenir el estrés son:
- Ver las situaciones como retos, es decir, desarrollar una actitud más positiva para enfrentar los desafíos. Para ello, es importante cambiar los pensamientos negativos por otros más positivos. Por ejemplo, en lugar de pensar “no voy a poder enfrentar esta situación” piensa, “puede ser difícil pero no imposible” o “voy a ser capaz de resolver todos los problemas”.
- Practicar con regularidad estrategias de relajación, ya sea respiración profunda, diafragmática o entrenar en yoga.
- Mantener hábitos saludables de comida y sueño. Es muy importante tener una alimentación equilibrada y una adecuada higiene del sueño.
- Rodéate de personas que te aporten un ambiente agradable y positivo y que te ayuden a sentirte mejor.
- Aprender a poner límites, sabiendo que no puedes saturarte de tareas que hagan que no te quede tiempo de descanso, tanto en casa como en el trabajo.
- Realiza deporte, al menos 2 o 3 veces por semana.
Si consideras que has llegado a una situación donde el estrés ha tomado el control de tu vida, es el momento de pedir ayuda a un profesional de la psicología.