Marina de la Rua

Cuando hablamos de duelo infantil, la tendencia natural de muchos padres es pensar que los niños pequeños no deben enterarse de las muertes que hay a su alrededor, pensando que quizás no están preparados para gestionar las emociones que eso conlleva. Sin embargo, los niños se dan cuenta de todo lo que les rodea y, si perciben que algo extraño ha ocurrido y nadie les informa, recurren a su imaginación y fantasía, aumentando por tanto su miedo y angustia. Hablar sobre la muerte y las emociones inherentes a ella es imprescindible para estar emocionalmente sano, y esto también incluye a los más pequeños.

La idea de la muerte varía según el desarrollo del niño. Hasta los 5 años la idea de la muerte es muy limitada, basándose esta en intuiciones emocionales, y no la conciben como algo irreversible. Entre los 6 y los 8 años, el menor comienza a entender que la muerte es algo irreversible y esta adquiere una connotación emocional mucho más intensa que antes. A partir de los 9 años el menor ya ve la muerte como un suceso inevitable y puede ocurrir que sus preocupaciones giren en torno a la muerte de sus seres queridos.

Niña con aspecto triste

¿cómo debemos comunicar la muerte a los niños?

  • En primer lugar, será muy importante que los padres trabajen su propio miedo a la muerte y sepan manejar sus emociones a la hora de comunicar o informar sobre la muerte a sus hijos. El adulto debe mostrarse comprensivo, protector y consolador.
  • Se debe adaptar el lenguaje al nivel de desarrollo del niño, siempre potenciando que el niño comprenda lo que ha ocurrido. Se debe comunicar siempre la verdad de manera sencilla, sin usar frases hechas como “se nos ha ido…” o “hemos perdido a…”, ya que puede dar lugar a confusión al tener el menor la creencia de que su ser querido va a volver en cualquier momento.
  • Se debe explicar al menor los motivos por los que esa persona ha fallecido, haciéndole ver que ha muerto porque estaba muy enfermo. Esto es muy importante para que el niño no piense que cualquier persona puede morir en cualquier momento y que un simple resfriado puede ser peligroso. Una vez que hayamos comunicado la pérdida, es posible que el menor tenga preguntas que hacer, para lo que debemos mostrarnos disponibles en todo momento.
  • Si nos encontramos ante un proceso de enfermedad avanzado donde ya sabemos el desenlace, es aconsejable ir informando al menor, con el objetivo de que no se convierta en un duelo complicado. De no ser así, para el menor se convertirá en una muerte inesperada, lo que hace que se vuelva más traumático.
  • Por otro lado, si el niño ha crecido bajo las creencias de alguna religión, se puede explicar la muerte desde esas creencias, siempre y cuando recalquemos el carácter irreversible de la muerte. Si el menor se siente más tranquilo pensando en la existencia de un Dios, deberemos respetarlo y permitirlo.
  • Es muy importante aprender a identificar las emociones por las que esté pasando el menor. Si surgen emociones muy intensas, lo aconsejable es acompañarle, escucharle y consolarle en la medida de lo posible.

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